Tolerancia cero: una decisión que los neuquinos respaldan con ganas

El despido de un suboficial de Policía vuelve a demostrar que en la gestión de Rolando Figueroa ya no hay lugar para los privilegios.
12 de julio de 2026Redacción Diario NeuquenRedacción Diario Neuquen

Hay decisiones de gobierno que trascienden la gestión y se convierten en un mandato social. La política de tolerancia cero impulsada por Rolando Figueroa es una de ellas. Durante demasiados años, los neuquinos reclamaron que el Estado dejara de proteger a los vagos, los ñoquis, los indeseables y quienes, incluso desde la función pública, incurrieron en conductas incompatibles con el servicio que debían prestar.


Cuando asumió, Figueroa prometió que no habría más privilegios para nadie. No fue un eslogan de campaña. Lo transformó en una política de Estado que hoy se refleja en auditorías permanentes y en una depuración que, semana tras semana, expulsa a quienes no cumplen con sus obligaciones. El mensaje es claro: el empleo público dejó de ser un refugio para los incumplidores.


En la semana que acaba de terminar la historia volvió a repetirse. El ex cabo primero Darío Alejandro Sáenz Peña fue destituido de la Policía de Neuquén luego de comprobarse que no regresó a prestar servicio tras finalizar una licencia excepcional sin goce de haberes y que tampoco presentó ninguna justificación para su ausencia. El procedimiento administrativo confirmó la falta y terminó con su expulsión de la fuerza.

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El caso no constituye un hecho aislado ni una excepción. Forma parte de una política sostenida que apunta a defender a los miles de trabajadores públicos que sí cumplen con su tarea todos los días. La igualdad ante la ley también implica que quien incumple debe asumir las consecuencias de sus actos.


Durante mucho tiempo -es decir, durante gestiones anteriores- la sociedad neuquina observó con frustración cómo algunos acumulaban privilegios mientras otros sostenían el funcionamiento del Estado con esfuerzo y compromiso. Ese esquema ya es parte del pasado. La purga de quienes no honran la responsabilidad de servir a los ciudadanos dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad concreta.


Por eso la tolerancia cero goza de un consenso social tan amplio. Porque expresa un reclamo histórico de los neuquinos y porque devuelve un principio básico de cualquier administración seria: en el Estado hay lugar para quienes trabajan, cumplen y sirven a la comunidad, no para quienes abandonan sus obligaciones y pretenden conservar los beneficios de un cargo público.

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